PALACIO DE TORMALEO POR JAVIER ZORRILLA

Hay lugares que es mejor sentir que ver. El Palacio de Tormaleo, en Ibias, declarado Bien de Interés Cultural y clasificado como monumento, es uno de esos sitios que impresiona a primera vista. Fue construido en el siglo XVIII y está rodeado de historias, leyendas y memoria popular, ha sido durante generaciones un símbolo del territorio y de quienes lo habitaron.

Su historia también está llena de lagunas , por lo que muchos relatos han llegado hasta hoy gracias a la tradición oral. Entre ellos destaca la leyenda de que un antiguo propietario ejercía el derecho de pernada, práctica que —según la tradición— terminó cuando un vecino defendió a su esposa, convirtiéndose en símbolo de resistencia frente a la injusticia

Hoy el palacio muestra un claro deterioro por el paso del tiempo y el abandono. Aunque sus muros siguen en pie, su estado es preocupante y actualmente figura en la Lista Roja del patrimonio.

El viernes 20 de enero contamos con la presencia de Javier Zorrilla, que acudió a representar el palacio en formato pliego en una demostración realizada en el Centro Municipal Integrado de La Arena, en Gijón en la asistieron aproximadamente unas 45 personas. Comenzó con un dibujo sencillo de la arquitectura para, a partir de ahí, construir la atmósfera de la obra. Inició la pintura por el cielo y el ambiente brumoso del fondo, utilizando los colores de su paleta para ir incorporando progresivamente el entorno rural y, finalmente, el propio palacio.

La forma de trabajar de Zorrilla —mayoritariamente en húmedo sobre húmedo— resultó especialmente interesante de observar: avanzando “de acá para allá” por toda la superficie del papel, pero siempre con un gran control de la humedad y del valor tonal. Con ello consiguió que el protagonismo recayera claramente en el palacio, integrado al mismo tiempo en un ambiente de naturaleza y bruma muy sugerente. Fue impresionante verle pintar, con valentía y las manos llenas de pinceles, hasta lograr un resultado magnífico. La obra transmite, quizá mejor que la propia fotografía, la belleza y la decadencia del lugar.

Muchas gracias, Javier, por tu visita y por la generosidad al compartir tus conocimientos. ¡Esperamos verte pronto por Asturias!