Hemos pasado una maravillosa jornada de pintura en Banduxu el 9 de Mayo. Frente a todos los pronósticos, la lluvia nos respetó durante prácticamente toda la jornada y pudimos disfrutar plenamente de un día inolvidable entre acuarelas, naturaleza y patrimonio. Nos reunimos alrededor de 25 acuarelistas, además de varios acompañantes, con el objetivo de visitar y pintar este rincón único de Asturias.
Banduxu es una pequeña parroquia asturiana del concejo de Proaza, con muy pocos habitantes y un enorme valor histórico y patrimonial. Hasta los años 80 permaneció sin carretera, luz ni agua corriente, y hoy está declarado Bien de Interés Cultural como conjunto histórico. Rodeado de bosques y montañas, el pueblo transmite la sensación de encontrarse en un lugar mágico, detenido en el tiempo, donde cada rincón parece sacado de un cuento.
El pueblo conserva un destacado patrimonio medieval, como la iglesia románica de Santa María, documentada desde el año 912, y la Torre de Bandujo o Torre de Tuñón, considerada una de las torres defensivas bajomedievales mejor conservadas de Asturias. Sus caminos tradicionales, hórreos, paneras y construcciones de piedra mantienen intacta la esencia de la arquitectura rural asturiana. La historia de Bandujo atraviesa distintas etapas de Asturias, desde los primeros asentamientos medievales hasta el dominio de linajes nobles como los Álvarez de Bandujo, Miranda y Tuñón.
Cada uno de nosotros fue encontrando diferentes enclaves del pueblo desde los que pintar y representar mediante acuarela aquellos rincones que más nos gustaron: callejuelas, balcones, tejados, hórreos, montañas o simples escenas cotidianas llenas de autenticidad.
En esta jornada nos acompañó además el acuarelista de reconocimiento internacional Darío Ccallo, quien realizó en Asturias la última parada del ciclo de actividades que tenía programadas por Europa. Es la primera vez que visita Asturias y finalizó su estancia con el recuerdo que le dejó Bandujo, un lugar que describió como mágico y de cuento de hadas. Con su estilo tan personal y característico, pintó una acuarela panorámica del pueblo y otra dedicada a uno de sus emblemáticos hórreos.





Pero, sin duda, lo mejor de Bandujo han sido sus vecinos. Nos recibieron con los brazos abiertos y con una hospitalidad difícil de olvidar, ofreciéndonos incluso refugio para pintar en caso de la temida lluvia. Compartimos conversaciones y momentos entrañables que hicieron que la experiencia fuese mucho más allá de una simple salida de pintura. A media jornada hicimos un agradable descanso en el centro social La Escuela, donde pudimos reponer fuerzas y seguir conversando con la gente del pueblo en un ambiente cercano y acogedor. Con lo precioso que es el pueblo, podemos decir sin ninguna duda que lo mejor de Banduxu son sus habitantes.


Tras despedirnos de Banduxu, fuimos a comer a Restaurante Benjamín Casa Clemente, donde disfrutamos de una comida excelente acompañada de unas vistas preciosas.
Antes de regresar, todavía hicimos una última parada para pintar un enclave de casas pintorescas antes de llegar a Trubia. Allí comenzamos una nueva sesión de acuarela, aunque esta vez la lluvia apareció rápidamente y nos obligó a recoger los bártulos y emprender el regreso. No pudimos alargar más esta maravillosa jornada, aunque nos marchamos con la sensación de haber vivido un día realmente especial.
Gracias, Banduxu. Volveremos, porque todavía nos quedan muchos rincones e historias por pintar.
A continuacion compartimos algunas fotos de la jornada y obras realizadas















































